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Cómo proteger la calidad del aire de forma natural

Con sensores de bajo coste, las mamparas anticontagio, los ciudadanos científicos desempeñan un papel activo para garantizar que nuestro aire se mantenga limpio.

La forma en que oímos hablar de la contaminación del aire puede hacernos pensar que no se trata de nosotros. Las grandes chimeneas industriales y los cielos llenos de humo están en ciudades lejanas, llenas de gente que no conocemos, en lugares que no esperamos.

La calidad del aire

Los datos recogidos en estos estudios proceden de mediciones cruciales de la calidad del aire captadas. Se trata de una gran red de monitores reglamentarios exigidos por la Ley de Aire Limpio. Desgraciadamente, estos monitores pueden ser escasos y distantes entre sí en algunos lugares, y a menudo una medición local se convierte en un indicador de la calidad del aire en grandes áreas.

Hay 23 monitores de partículas, que abarcan 100 condados distintos que se extienden desde el punto más alto de los Apalaches hasta las preciosas islas de barrera. De hecho, en los últimos años hemos perdido monitores.

El poder del crowdsourcing

Los datos de la ciencia ciudadana (datos recogidos por personas normales que ofrecen su tiempo) son muy valiosos y nos permiten ir más allá de las inferencias institucionales generales sobre la calidad del aire local. Por ejemplo, los niveles hiperlocales de contaminación atmosférica pueden orientar la política en cuestiones como el transporte escolar, reduciendo así la exposición de los estudiantes a la contaminación atmosférica perjudicial.

Un mayor número de ubicaciones de control puede ayudar a detectar el humo de los incendios forestales y alertar a los residentes cercanos a las zonas silvestres, que podrían quemarse a propósito para reducir el riesgo.

Por ejemplo, los sensores pueden verificar en tierra los satélites de la NASA que recogen datos sobre el aerosol y el clima, informando así de la asignación de recursos hospitalarios cuando los picos de contaminación puedan aumentar las visitas a los servicios de urgencias por asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

¿Qué será lo próximo?

La última oleada de «sensores de bajo coste» son dispositivos asequibles, en tiempo real y conectados a la web, que miden la contaminación atmosférica y están diseñados para ser sencillos y escalables. Se están instalando miles de sensores en todo el mundo para hacer frente a los retos de la calidad del aire, la justicia ambiental, la salud laboral y la política de uso del suelo a nivel hiperlocal.

¿Y lo mejor? Que todos nosotros los estamos utilizando: miembros de comunidades, familias, escuelas y científicos y no científicos por igual.

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